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Las niñas, niños y adolescentes y otras formas de vida

“¿Por qué existe una Declaración Universal de los Derechos Humanos y no de los animales, Miss? ¿Quién los defiende a ellos, Miss?”, me preguntó muy preocupada, pero al mismo tiempo segura de lo que preguntaba, con voz fuerte y sin titubear. Se le notaba curiosidad, pero al mismo tiempo inconformidad. Diana de 13 años, en una clase de Cívica y Ética, era la primera vez que yo impartía esa clase, hace dos años. Aunque me dio bastante ternura y me sentí orgullosa de tener esa clase de seres humanos a mi cargo, sin embargo, me hizo reflexionar en lo que estoy por contarles. 

Hablemos un poco de la relación de las niñas, niños y adolescentes con los animales en la actualidad. No es ningún secreto que gran parte de los animales son azotados por la actividad del ser humano, desde ser víctimas directas de violencia hasta ser simplemente ignorados cuando padecen hambre, sed o dolor. Tampoco es un secreto que cualquier persona se da cuenta de este sufrimiento animal desde muy corta edad; cuando pasamos en un vehículo y del otro lado, cruzado el asfalto logramos ver un canino retorciéndose de dolor, o ensangrentado.

La pregunta de Diana hace un par de años es un enigma que rebota varias veces en la cabeza de muchos de nosotros a lo largo de nuestra vida, en distintos escenarios y situaciones. Solemos pensar que la inocencia de los niños no los deja ver más allá de lo que les decimos y permitimos ver para protegerlos y evitarles cualquier tipo de dolor, lo que nos da por pensar que no son capaces de formularse preguntas e imaginarse cosas tan complejas como nosotros, adultos, lo hacemos, incluso aún más complejas.

Es verdad, poquísimas ciudades en el mundo tienen una legislación que proteja a los animales y otra porción mucho más pequeña de ciudades son aquellas que realmente protegen a sus habitantes no humanos. Mi hipótesis es, que en la mayor parte de esas ciudades los problemas realmente preocupantes son de los humanos, delincuencia, inseguridad, pobreza, desigualdad, desempleo, falta de agua, contaminación y poco espacio y tiempo se les dedica a otras especies. No estoy de acuerdo, pero es verdad.

Una cosa es cierta, necesitamos de los Derechos Humanos porque por nuestra propia cuenta hemos demostrado a lo largo de la historia de la humanidad que no podemos respetarnos lo suficiente como para vivir sin leyes. La Declaración Universal de los Derechos Humanos no es otra cosa más que el resultado del dolor y sufrimiento humano causado por otros humanos. 

La pregunta de Diana tal vez estaba mal formulada, ya que yo preguntaría ¿Por qué necesitamos de Derechos Humanos? ¿Por qué necesitamos derechos de los animales? ¿Por qué no somos capaces de respetar la vida? No pudimos respetarnos sin un documento que nos haga hacerlo y ahora resulta que también necesitamos documentos que nos obliguen a respetar la vida de otras especies.

En mi opinión tal vez no lo necesitemos, tal vez lo que realmente necesitamos es una educación que nos permita ver más allá de nosotros mismos, una educación que nos permita ser empáticos no sólo con otras personas, sino con cualquier forma de vida. El dolor es una sensación y un sentimiento universal ¿Por qué no somos capaces de compadecernos ante él?

Resulta que, en México, los programas de educación se preocupan bastante por las relaciones interpersonales e interculturales, así como de la relación entre las personas y el ambiente en general. Sin embargo, se deja bastante de lado la relación entre las personas y otras especies; lo cual es fundamental para ser un buen ciudadano y todo lo que ello conlleva.

Teniendo en cuenta este escenario, como padres, como familiares, maestros, guías de niñas, niños y adolescentes nos toca el importantísimo papel de instruirles el valor de cualquier forma vida. Hablarles de que no por que el perro, el gato o la planta en la maceta no puedan gritar de dolor como nosotros lo haríamos, no significa que no lo sientan; que no porque nuestra mascota no nos pueda decir “oye, estoy triste, estresado, sácame a dar una vuelta” significa que no lo necesita.

Hagamos conscientes a nuestros niños y adolescentes que el dolor y el miedo no sólo están presentes cuando se expresan verbalmente, sino también en esas miradas que solemos encontrar en animalitos perdidos, en pequeños polluelos que cayeron de su nido. Porque los contextos actuales de nuestro país no nos dejan aún centrar nuestra atención en ellos. Tomemos la responsabilidad de que no sea necesario que existan leyes y documentos que literalmente nos obliguen a cuidar otras formas de vida porque las siguientes generaciones serán tan conscientes de su cuidado y respeto que no necesitaran que alguien más se los diga.

Escrito por :

Lorena Enríquez Romero

Gestora Intercultural.

Docente a nivel secundaria.


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